
Llevaba toda mi vida soñando con hacerlo y aquella mañana había cogido un autobús dirección aeropuerto para irme, con mi mochila llena de sueños y 100 euros, a la otra punta del mundo, a casa.
Lo recuerdo todo muy rápido. La noche anterior no dormí, era la primera vez que viajaba sola y además al país de mi vida. El miedo de ir sola, más el miedo de que la
Helade actual no diera la talla, quizás por haberla idealizado demasiado, jugaban su propio partido de
rugby en mi estómago haciendo que no consiguiera dormir en toda la noche.
Y allí estaba, a las 11.00 de la mañana frente a una pantalla que anunciaba mi vuelo de
Aegean. Azul, sobre letras amarillas y mayúsculas "
ATENAS", mirando casi descreída como el sueño de mi infancia se materializaba minuto a minuto.
Antes de partir, llamadas nerviosas de mis amigos, lágrimas de tristeza recordando a
Liz y su cara en la cola de seguridad,por quedarse en Madrid con su mano en lo alto
diciendome adiós y sus ganas de subirse al avión conmigo.
Escuchar un "
Kalimera!" al entrar al avión hizo que mi alma saltara, "
Kalimera" respondí con mi griego de turista
friki pero con el corazón ya más allí que aquí. Como si todo estuviera hilado de la forma más perfecta en los altavoces sonaba la música de
Zorba el griego. Sonreí cuando con el avión lleno observé que mi asiento no estaba en el ala y que al llegar a mi destino,
podría ver ese mar azul y blanco que tenía por nombre la compañía que me llevaría a
Grecia. No se donde se fueron mis nervios, pero ya no estaban allí. ¿Como iba a tenerlos? Volvía a la tierra que mis pies llevaban echando de menos desde que tengo uso de razón.
En el avión, leí casi todo el viaje, me asomé por la ventana al salir al mar y sobre
Córcega cerré la ventanilla un rato cuando el
GPS indicó que
pasábamos por Italia ( una vieja promesa "no ver Italia, antes que
Grecia") me comí con una felicidad impropia mi
moussaka congelado y mis macarrones como almuerzo en el avión y recé mucho a
Hékate y a la mismísima Atenea para que las nubes que cerraban la vista a nuestros pies desaparecieran al llegar a la
Helade.
Me dormí una media hora antes de llegar.
Cuando abrí los ojos y miré por el ojo de mi avión, ese que me enseñaba hace un rato un manto de nubes, me encontré un mar salpicado por mil islas de diversos tamaños, un nudo en mi garganta y mis ojos llenos de lágrimas
-
Hellas- me dije a mi misma.
Mis ojos se cerraron cuando las ruedas tocan el suelo, en mi mente suena un -Ya está, ya llegué- Y si, mi primer pensamiento en aquel bendito
país,
fue para aquel lazo blanco que llevaba atado en mi mano, que dejaría más tarde en el monte de la Acrópolis.
Antes de bajar del avión y hablar con nadie más, llamé a
Lizian por teléfono -Nena! Ya! Ya llegué!- y de esa llamada nació la frase más estúpida que he dicho jamás -Está todo en griego!-
(Bien Dana, en que esperabas que estuviera, en morse? XD)Los primeros pasos en aquel suelo; respirar, coger aire, sentir que los pies no te pesan. Me eché mi mochila al hombro y como no tenía más equipaje que esperar, me lancé a la calle, no sin antes
sonreirle a la cafetería
Leonidas, que corona la salida del
Venizelos y a la tienda de discos, donde vendían
CD's de cantantes que todos los días retumban en el altavoz de mi casa, que
subidón ver a
Anna Vissi en las
estanterías ;)
Las puertas del aeropuerto se abren y mi primer paso, fuera. Seré consciente siempre de ese primer momento y de mi primera respiración
allí. Soy fiel a cumplir mis promesas,
así que caminé un poquito y me fui a una esquina del aeropuerto, con calma. Me senté en el suelo, contemplé las montañas que me rodeaban, no eran tan distintas a las españolas pero a mi me
hacían tan feliz! Moví las plantas de mis pies en el suelo una y otra vez para volver a convencerme de que pisaba suelo Heleno. Entonces puse un beso en la punta de mis dedos y despacio, suavemente toque el suelo con ellos, cumpliendo mi palabra
"El día que llegue a Grecia, besaré el suelo" y de un salto, y allí donde los pies no pesan y el alma esta tan contenta que da botes de alegría, decidí plantarme la mejor sonrisa de mi vida en la boca para coger el
autobus X95 que me dejaría en el centro de
Atenas después de una hora de recorrido :) pero eso, ya es otra historia....